Síndrome de Ulises, la enfermedad del migrante 

El síndrome de Ulises, también conocido como síndrome del migrante con estrés crónico y múltiple, es un cuadro psicológico que afecta a inmigrantes que viven situaciones extremas, lejos de casa.

El nombre “Ulises” hace alusión al héroe mítico que Homero desarrolló en la Odisea. Ulises padeció innumerables adversidades y peligros lejos de sus seres queridos.

Al igual que Ulises, los migrantes sufren la imposibilidad de regresar a su lugar de origen, además de las adversidades que representa el enfrentarse a lenguas y culturas diferentes.

A diario escuchamos notas sobre inmigrantes que afrontan infinidad de obstáculos a kilómetros de su hogar buscando mejor vida. Sin embargo, pocas veces nos damos cuenta de que las dificultades que experimentan, más allá de lo material, los hacen vulnerables a la enfermedad mental, sobre todo si no consiguen las metas que tanto habían soñado.

Según especialistas, cualquier inmigrante, en situación ilegal o no, vive una serie de pérdidas que le producen múltiples duelos, de ahí que generalmente consideren al duelo migratorio como uno de los signos más frecuentes de esta afección.

La sensación de fracaso ante el proceso migratorio, la lucha por la supervivencia y el miedo ante peligros físicos o a la detención y deportación del lugar al que llegó, son factores que dañan al individuo a tal grado que pueden originar síntomas del síndrome de Ulises como:

Sensación de aislamiento: la separación de los seres queridos puede provocar soledad en los momentos más difíciles, es decir, la sensación de no encontrar un lugar adecuado o personas cercanas, por lo que el vacío afectivo parece difícil de soportar.

Tristeza: la nostalgia suele ser uno de los sentimientos más frecuentes en estas circunstancias, que junto a miedos y preocupaciones, provocan ideas de incapacidad y de falta de valor (baja autoestima).

Culpabilidad: el migrante se siente culpable por “hacer mal las cosas”, por haber “abandonado” a seres queridos o por creerse la causa de su propio fracaso.

Desengaño: el individuo suele ver que ha llegado a un lugar muy diferente al que esperaba y puede sentir cierto resentimiento por su nuevo “hogar”.

Signos físicos: los síntomas psicológicos suelen ir acompañados de insomnio, migrañas, dolores de cabeza y de estómago, nerviosismo, falta de apetito o exceso en la ingestión, falta de concentración o fatiga crónica.

Estos malestares, señalan expertos, suelen acentuarse durante las festividades decembrinas, época que más fibras emocionales mueve en la mayoría de las personas.

¿Qué hacer?

Hablar con los seres queridos es una forma de sentirse apoyado, pero no es recomendable hacerlo todo el tiempo; se debe buscar un equilibrio entre seguir conectado con amigos y familiares y crear nuevas redes de allegados. Las redes sociales, las iglesias, organizaciones de voluntarios e incluso grupos en internet como www.meetup.com son una buena forma de conocer personas y compartir experiencias.

Ver la nueva situación como una aventura y una oportunidad a la que no muchos tienen acceso. Es necesario sumergirse en la cultura, probar su comida típica, conocer sus costumbres, leer periódicos locales, explorar las calles y aprender el idioma. Es importante no estar comparando todo con lo que se dejó en el país.

El ejercicio físico y los buenos hábitos alimenticios son importantes para liberar tensión, mantener la buena salud y evitar complicaciones.

Si al cabo de un tiempo la situación no mejora, lo más recomendable es acudir a profesionales de la salud para descartar otras enfermedades asociadas y realizar una terapia adecuada para obtener ayuda en el proceso de adaptación.

Fuentes: www.saludymedicinas.com.mx, https://viventa.co, conacytprensa.mx

Vía Conexión Migrante

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